Bolivia: El suicidio del MAS
29 ago 2025 13:42 GMT
Por Oleg Yasinsky
Hace poco por fin salió el boletín oficial de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Bolivia del 17 de agosto, confirmando lo que ya se sabía. Para la segunda vuelta del 19 de octubre quedaron los dos candidatos de la derecha: Rodrigo Paz (con 32,06 % de votos), del Partido Demócrata Cristiano, del "centro", lo que en Latinoamérica suele representar a la derecha; y Jorge Quiroga (26,7 %), de la Alianza Libre, de la "derecha", que en realidad representa a la ultraderecha. Es casi seguro que el próximo presidente boliviano será Paz, porque el electorado de la izquierda que esta vez decidió regalar el poder a la derecha, votará "por el mal menor".
La izquierda, o más bien, los que se autodenominan así, en los últimos años estuvieron divididos en dos bandos irreconciliables dentro del partido MAS (Movimiento al Socialismo), representados por su líder histórico y expresidente Evo Morales y el actual presidente de la nación, el economista Luis Arce.
En vísperas de las elecciones, la izquierda boliviana, en vez de unirse, se dividió en tres, generando así un resultado desastroso: el 8,59 % de votos para Andrónico Rodríguez, el candidato de la Alianza Popular (que salió del MAS); el 3,17 % para Eduardo Castillo (del MAS); y como a Evo Morales se le impidió legalmente la participación en los comicios, él llamó al voto nulo para invalidar las elecciones y este voto llegó al 19,87 %. Con el simple ejercicio matemático de sumar estos números nos da un resultado total del 31,63 %, lo que garantizaba a la izquierda boliviana su participación en la segunda vuelta electoral y una posibilidad de victoria.
Un nuevo fallo judicial remece el panorama político en Bolivia Un nuevo fallo judicial remece el panorama político en Bolivia Está claro que ninguna elección funciona como una simple suma o resta de votos. Pero en este caso, podemos suponer que, aunque no todo el voto nulo correspondía al apoyo de la candidatura de Evo o a quien él recomendara, muchos más votos perdieron los candidatos de izquierda por su vergonzosa incapacidad para unirse y defender las conquistas sociales del pueblo boliviano de los últimos 20 años. La desmotivación la generaron no solo los múltiples errores de los gobiernos del MAS ni el desastroso manejo que las autoridades le dieron a la crisis económica presente, sino la inexistencia de un proyecto revolucionario en el partido, sobre todo después de tanto tiempo en el poder y con la confianza popular que se le entregó en las elecciones de octubre del 2020, cuando Luis Arce ganó con más del 55 % de los votos.
Cuanto más hondo se analice esta crónica de muerte anunciada, menos argumentos quedan para justificar el autogol (ya que a Evo le gusta tanto el fútbol) de la izquierda boliviana. Temo que no será solo para un periodo hasta las elecciones próximas, sino por mucho más tiempo, ya que la historia reciente nos demuestra que cuando en América Latina la derecha recupera el poder, moverla después de ese lugar resulta ser cada vez más difícil.
Casi inmediatamente después de la publicación de los primeros resultados de estos comicios, el exvicepresidente de Bolivia Álvaro García Linera opinó en el periódico mexicano La Jornada: "… Por un lado, un mediocre economista que está por casualidad como presidente y que creyó que podía desplazar al líder carismático indígena (Evo) proscribiéndolo electoralmente. Por otro, el líder que, en su ocaso, ya no puede ganar elecciones, pero sin cuyo apoyo tampoco se gana, y que se venga ayudando a destruir la economía sin comprender que en esta hecatombe también se está demoliendo su propia obra. El resultado final de este miserable fratricidio es la derrota temporal de un proyecto histórico y, como siempre, el sufrimiento de los humildes, que nunca fueron tomados en cuenta por los dos hermanos embriagados de estrategias personales…".
Varios medios occidentales presentaron el análisis del proceso electoral boliviano alrededor de la lucha que existe por el control del litio en la región y sus intereses, ya que se reconoce el ansia mundial por este recurso estratégico. Su discurso es que hay un enfrentamiento para apoderarse de dicho mineral, entre EE.UU. y China-Rusia. Propongo mirar esta situación desde otro ángulo, el del pueblo boliviano y sus intereses.
Según un informe del Servicio Geológico de EE.UU., Bolivia tiene más litio que cualquier otro país del mundo, 23 millones de toneladas; unas dos toneladas de litio por cada habitante. Creo que es evidente que esta enorme riqueza debería servir para el desarrollo y la soberanía del país y, sobre todo, para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos bolivianos. Lamentablemente, en los últimos 20 años de gobiernos del MAS, esto no sucedió. Hubo muchos discursos, promesas y declaraciones. Hoy, ante el fracaso, solo tenemos más explicaciones y excusas, del por qué este, un gobierno del pueblo, que realmente fue capaz de hacer tan importantes e históricos cambios, no pudo aprovechar la principal riqueza mineral de su país.
Alguien dirá que ya no importa. Creo que en realidad importa cada vez más, porque en esta dura lección no se trata solo de Bolivia. En el espejo de Bolivia podemos ver las nuevas estrategias coloniales del mismo Occidente de siempre, que hace más de tres siglos con los mismos fines vaciaba el Cerro Rico de Potosí, llenando de plata al "mundo civilizado" y dejando a los mineros indios morir de silicosis.
Ahora todos los partidarios y defensores del gobierno de izquierda en Bolivia hablarán de errores, falta de profesionalismo y mala gestión del recurso, que impidió el desarrollo de la industria, que hubiera podido cambiar la historia del país. Puede ser cierto, pero no lo es todo. No me cabe duda que, mientras los dirigentes del MAS peleaban entre ellos por el poder y por su lugar en la historia, miles de pequeños oportunistas de todo tipo ingresaban al partido para no quedarse fuera del festín. Los enemigos externos e internos en las comunidades indígenas del Altiplano, dentro del Congreso y en la empresa estatal Yacimientos de Litio Bolivianas hacían su trabajo para impedir que el proyecto prosperara. El litio debía mantenerse reservado para cuando volvieran sus dueños norteamericanos.
Se sabe que Bolivia, que no tiene recursos, ni tecnologías, ni especialistas, ni experiencia en la extracción de litio, firmó un contrato con la empresa china CBC Investment y otro con la rusa Uranium One Group, pero luego de muchos meses de intentos, por varias trabas legales y logísticas, no se logró avanzar.
Los proyectos chinos y rusos no son de beneficencia, son negocios capitalistas, pero a gran diferencia de los inversionistas occidentales, jamás condicionaron sus inversiones a temas políticos o sociales, sino que se trataba de negocios entre iguales, con la necesidad de un beneficio mutuo. Seguramente era bonito escuchar los discursos irresponsables de muchos, de que el litio es boliviano y en vez de materia prima Bolivia exportará solo productos altamente tecnológicos de litio. La demagogia, multiplicada con ignorancia, logró el objetivo: un año de producción de litio boliviano ahora equivale a unos tres o cuatro días de producción chilena, teniendo Bolivia mucha más cantidad de recursos naturales.
Varios especialistas bolivianos, desde hace tiempo, comentaban que la oposición a los negocios con las empresas chinas y rusas en la región de Potosí, el centro neurálgico de la industria de litio, despertaba sospechas. Entrevistado por el canal de televisión latinoamericano teleSUR, el experto boliviano en estrategia militar Samuel Montaño señaló: "Es extraño que sectores opositores y cívicos de Potosí rechacen estos proyectos, pero no cuestionen a las trasnacionales estadounidenses que ya operan en Chile y Argentina… En Chile se promovió la participación europea en el litio para desplazar a China. Aquí se repite el guion”.
Y es que hablar tanto del litio en esta coyuntura me parece fundamental, porque es un buen ejemplo de lo que pasó con el proyecto revolucionario del MAS, que tantas esperanzas despertó y no solo en Bolivia. Una gran oportunidad histórica carcomida por dentro por todas las pequeñeces humanas de los líderes que no supieron hacerse cargo del gran proceso que iniciaron. No quiero que suene a un réquiem, habrá otros análisis, miradas críticas y honestas y muchas luchas nuevas. Lo más importante que podemos hacer con nuestra historia es aprender de ella.
Incluso, si hubiera resultado lo del proyecto con la producción de litio, incluso si el partido MAS no se hubiera dividido, si no existiera la crisis económica de ahora… igual, creo que al proceso revolucionario boliviano le faltó lo más esencial e importante: la intención de construir al Hombre Nuevo, ese a quien toda la vida buscó un guerrillero argentino, cubano, latinoamericano, mundial, caído en Bolivia. Ese Hombre Nuevo sin el cual ninguna revolución es revolución, porque sin él no tiene sentido ningún éxito económico o político.
https://actualidad.rt.com/opinion/oleg-yasinsky/562876-bolivia-suicidio-litio
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